octubre 28, 2009

LA VEDETTE: REFORMA POLITICA II


Unicornios, Bicornios y Tricornios
Tres sonbreros para una sola cabeza

LA VEDETTE: REFORMA POLITICA II *
Será motivo de una sucesión de artículos más los ya publicados, los puntos de partida son casi infinitos, la meta permanece en las brumas.
BIPARTIDISMO PARA UNOS, PARLAMENTARISMO PARA OTROS Y TIRANIA LEGAL PARA TODOS.
Por muchas vueltas que se les de, unicornios, bicornios y tricornios se usan sobre una sola cabeza.

Si una no puede con la emergencia, la dividimos en dos o en tres porciones (del manual de la política idiota)
Ante el colapso, los impotentes intelectuales siempre convocan los mismos fantasmas.

El bipartidismo históricamente comparte con los triunviratos la estúpida solución para las crisis. Cuando nadie tiene fuerza o capacidad para resolverla, hay que dividir el poder y debilitarlo, el recurso políticamente correcto, para que los incapaces puedan continuar mientras negocian, debaten y especulan haciendo la parodia que están resolviendo la difícil situación.
Fraccionar el poder para que nadie lo tenga, precisamente cuando más se necesita uno fuerte y ejecutivo para superar una emergencia.

La dictadura a plazo fijo no renovable fue el recurso de la antigua Republica romana ante las crisis que superaban las leyes de tiempos estables, nosotros mucho más inteligentes, modernos y civilizados recurrimos a la anarquía.

Por aquella verdad de Perogrullo, los errores de la democracia se corrigen con más democracia, parece que los del caos y la anarquía también.

Prorrogarla y hacerla vitalicia fue el cómodo recurso de los legisladores antiguos para lavarse las manos de esos feos problemas que queman, exigen definirse y actuar tomando medidas poco simpáticas, que no garantizarán votos, para seguir en funciones, mientras el dictador hacía lo suyo, sabiendo que no tenía que dar ni le podían pedir cuentas.

La permanencia, ese viejo complejo de querer ser eternos como dioses, que en el ejercicio del poder, es el germen de la corrupción.

No es malo ni bueno en si mismo, que haya dos o cinco partidos, lo malo es imponerlo por ley, lo bueno sería dejarlo librado a la selección natural, desde siempre mucho más sabia. Sin darle oxígeno legal a los moribundos o estimular las fragmentaciones para ser mayoría y minoría a la vez o sumar con colectoras y alianzas. Todas formas del partido único escondido detrás de un eufemismo de reforma política.

Peor aún cuando se pretende imponerlo por la fuerza; la ley lo es en cuanto obliga le guste o no; asegurándole supervivencia a lo que está muerto y agotado, llámense peronismo o radicalismo; al punto que hoy cualquier cosa y cualquiera pueden proclamarse o presentarse como peronista o radical. Están los nombres y sus alegatos demasiado a la vista para ser reiterativo.

Bipartidismo obligado es la institucionalización de la impunidad, hoy por ti, mañana por mi o una mano lava la otra y entre las dos lavan la cara, como guste.
Viejísimo y elemental, pero nadie lo dice por aquel principio corporativo que no hay que sacar los pies del plato ni patear el tablero.

Ya que de corporaciones hablamos ¿hay acaso otra más poderosa que la política? Tiene el poder de la ley, de la justicia, de la economía y la disponibilidad de los recursos, el control del pensamiento, es monopólica y excluyente.

Curiosamente sus promotores son los mismos acuerdistas que bajo los rótulos de Moncloa o Bicentenario suspiran por pactos nacidos de la fragmentación política, no para resolverla sino para asegurarse no volver a ser barridos del escenario.

Los mismos que culpan de todos los males al presidencialismo y proclaman las bondades del sistema parlamentario, ocultando que es este el que consiente y legaliza todos los abusos, sea de un emperador romano, un demente del terror francés o un presidente argentino.
Tres épocas, tres realidades distintas con la misma solución y naturalmente idénticos resultados, eso si les cambiamos el nombre porque de aquellos quedó mala fama; los llamamos cesarismo, bonapartismo y democracia multicultural ¡Puaj! Tiranía dice la Real Academia del idioma.
tirano, na.
(Del lat. tyrannus, y este del gr. τύραννος).
1. adj. Dicho de una persona: Que obtiene contra derecho el gobierno de un Estado, especialmente si lo rige sin justicia y a medida de su voluntad. U. t. c. s.
2. adj. Dicho de una persona: Que abusa de su poder, superioridad o fuerza en cualquier concepto o materia, y también simplemente del que impone ese poder y superioridad en grado extraordinario. U. t. c. s

El parlamentarismo es solo el eufemismo de un triunvirato, un presidente, un primer ministro y un parlamento que responde al petit comité de los zares de los partidos. El tricornio que luce sobre la cabeza el dueño de la bolsa.

Las bancas son de los partidos sancionó el padre de esta democracia cuando sentenció la muerte del sistema representativo y republicano con el Pacto de Olivos, para cambiarlo por la oligarquía de los políticos profesionales y empresarios exitosos, que no precisan partidos, los compran.
Tener uno es el obligado peaje para apoderarse de un país.

Descaradamente sus sucesores se presentan como alternativa, capaz de resolver el daño que provocaron.
¿No eran malos los monopolios u oligopolios? No señor, lo malo es que sean de los otros.

Los tiranos no se hacen de a poco, lo son desde el primer día. Llegan con un parlamento servil a partir de listas de delincuentes e inservibles puestos a dedo (el que te da te quita) a los que pueden llevar de las narices.

Los pensadores políticos agotan su lucidez para reformas en el sistema político con el voto electrónico, la boleta única o la limitación en la duración y financiación de campañas; la médula de la corrupción no se toca.
Esa médula que es la permanencia, per se o por trenzas mafiosas.

Algo tan elemental como una fecha fija y única de elecciones es tabú, todos pueden necesitar alguna vez adelantarlas o desdoblarlas para evita fechas críticas, el efecto cascada o que despegar lo nacional de lo local, sea el fraude legal que les permita ganar.

Eliminar prórrogas y reelecciones en todos los niveles, desde la sociedad de fomento, el club de barrio a las legislaturas y ejecutivo tiene en teoría sus contras, perder buenos funcionarios y su experiencia, pero ¡Tiene tantos beneficios! los buenos funcionarios eran moscas blancas hoy extinguidas. La experiencia es solo un Master en trapisondas.

Por alguna cierta razón siempre se supo que segundas partes no son buenas.

El mundo es para avanzar ¿acaso no son progresistas? No para detenerse y fosilizarse.
Solo por sus frutos los conoceréis ¡Que cierto que es!
El árbol político solo los produce venenosos o podridos.

No es mala la política, lo malo son los políticos que hacen de ella una profesión y un medio de vida. Una beca permanente en la teta del estado o la corporación política.

La permanencia es el germen de la corrupción sea en el poder del estado, en los movimientos políticos, empresariales, o sociales.
Basta un listado de empresarios; sindicalistas; políticos, legisladores y funcionarios. Todos se limitan a mudarse de despacho, cambiar el ramo comercial o la camiseta. El sistema es familiar y hereditario.

Claramente no puede cuajar una república en una sociedad oligárquica desde su base. Invocarla en tanto no se barra debajo de la alfombra es pura hipocresía.

Esperar que quienes están y se benefician del poder renuncien graciosamente a el en beneficio de todos es demostrar una ingenuidad que ya no tienen los lactantes, con toda la malicia y falsedad de un adulto cómplice.

¡Quien se anima a prohibir todas las reelecciones y prórrogas de mandato e inhibir para cualquier candidatura o cargo público a quien no haya cumplido seis años después de haber cesado en el anterior!
*Reforma politica I o tiranía blindada.

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