
Un impúdico espectáculo montado con la presencia de la madre incluida, pretendió en BsAs ser el trampolín para el debut internacional de La mujer poca cosa.
Más allá de los sentimientos de madre, de la señora de Betancourt, bueno es recordar, que su hija no está secuestrada hace un mes, sino desde el 2001, que la buena señora no vive aislada en los Alpes suizos, sino en Colombia. No puede hacerse la distraída y no saber que pasa en su propia casa, para venir con fábulas sobre los buenos y humanitarios guerrilleros que quieren liberarla a cambio de 500 asesinos detenidos, pero el insensible presidente Uribe, pone palos en las ruedas.
¿Se va hacer cargo usted Señora y los que la usan, del tendal de muertos y secuestrados que van a dejar los 500 liberados? ¿Tiene conciencia realmente de lo que está pidiendo desde el egoísmo de sus sentimientos?
¿Qué espera recibir a cambio, un desecho humano o una complaciente sometida? Después de la repulsiva operación mundial de prensa con cartas, fotos y filmaciones, producidas y editadas para conmover la sensiblería tilinga y beneficiar los objetivos políticos de criminales subhumanos.
Indudablemente es una ingenuidad de mi parte, sorprenderme porque no hay margaritas en el chiquero; dejemos a los carroñeros revolver los despojos. Que Dios se apiade de Ingrid, le de fe y esperanza o un buen cristiano que la “despene” para que pueda descansar en paz.
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