
En rigor dice que el desgobierno que soportamos es producto de un problema médico del titular del ejecutivo, por lo que hay que ayudarlo y protejerlo. Sea un delirante paranoico o un psicópata, la solución no es ayudarlo y protegerlo para que no siga siendo un peligro para si mismo y para los demás y continúe siendo un loco peligroso.
La cuestión es quitarle el arma que tiene en las manos y después veremos si tiene cura o no, que será un problema de su médico y de su familia; el problema del país es intervenir ya, antes que sea demasiado tarde en lugar de explicar todo, aventurándose en disquisiciones terapéuticas impropias de un charlatán de feria y de un medio que presume de serio y al que se le está haciendo hábito mesturar la crítica liviana con la justificación intelectualoide.
Así como las perversiones sexuales han pasado a ser una valiente elección de vida, los autócratas, tiranos y terroristas pasarán a ser pobres hombres enfermos por un extraño virus mental.
Abrir las cárceles, terminar con códigos penales, con la justicia y la policía; proteger, defender y comprender es la consigna por el bien de las frágiles instituciones.
"Hay que ayudar y proteger al presidente"
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